En un mundo interconectado y en constante transformación, la Inversión Extranjera Directa (IED) se erige como herramienta estratégica de crecimiento para países y empresas. Este artículo invita a descubrir cómo la IED impulsa el desarrollo económico, fomenta la innovación y abre caminos para un futuro más sostenible.
La IED se define como la inversión que realiza un residente de una economía en una empresa residente de otra, con el objetivo de lograr interés duradero y control significativo. Por lo general, se considera inversión directa cuando el inversor adquiere al menos el 10% del capital o votos.
Para comprender su alcance, es útil diferenciar sus componentes fundamentales de la IED:
Desde el punto de vista estratégico, existen diferentes tipos de IED según la motivación corporativa:
A nivel mundial, los flujos de IED superaron los 1.6 billones de dólares en 2024, impulsados por la recuperación económica postpandemia y la búsqueda de cadenas de valor más resilientes. Sin embargo, las tasas de crecimiento varían según la región y su capacidad para atraer capital foráneo.
América Latina y el Caribe captaron 188.962 millones de dólares en IED durante 2024, lo que representa un aumento del 7,1% respecto al año anterior según CEPAL. Esta cifra equivale al 13,7% de la formación bruta de capital fijo y al 2,8% del PIB regional, todavía por debajo del promedio de la década pasada.
Brasil y México concentraron más del 60% de estos flujos: Brasil absorbió el 38% del total con un crecimiento del 13,8%, mientras que México atrajo el 24% de la región con un impresionante aumento del 47,9%. Otros países como Colombia, Chile y Argentina vieron entradas menores en comparación con 2023.
Existen diferencias metodológicas: el informe Global LATAM 2025 (ICEX/SEGIB) cifra el flujo regional en 173.000 millones, un descenso del 9% frente a 2023. Estas variaciones se deben a fuentes y criterios distintos (CEPAL vs UNCTAD).
En los primeros nueve meses de 2025, México alcanzó 40.906 millones de dólares en IED, un alza interanual de 14,5% y el nivel más alto registrado oficialmente. Este dinamismo refleja la consolidación de la estrategia de inversiones iniciales y adquisiciones accionarias y la tendencia global de nearshoring.
La composición de la IED en ese periodo mostró:
Los sectores más dinámicos incluyen manufactura avanzada, automotriz, tecnologías de la información y energías limpias. Además, la región mexicana de Bajío y el corredor del Pacífico atraen proyectos de greenfield y plataformas de exportación.
Más allá de México, la región destaca en minerales críticos como cobre y litio, esenciales para la transición energética y desarrollo productivo. Entre 2005 y 2024 se anunciaron 1.152 proyectos de IED en minería por un valor de 230.065 millones de dólares.
Otros drivers estructurales en la región abarcan:
Aunque la IED aporta capital, conocimiento y empleo, también conlleva riesgos como la dependencia excesiva de multinacionales, fuga de utilidades y brechas de gobernanza institucional. Es crucial fortalecer marcos regulatorios y asegurar la complementariedad con empresas locales.
Las políticas públicas deben convertir la IED en colaboración público-privada eficiente y sostenible. Esto implica incentivos enfocados en transferencia tecnológica, capacitación de mano de obra y estándares ambientales rigurosos. Asimismo, la transparencia en los procesos y la simplificación administrativa refuerzan la confianza de los inversores.
La Inversión Extranjera Directa seguirá siendo pieza clave para enfrentar desafíos globales como la automatización, el cambio climático y la transformación digital. Aprovechar su potencial requiere una visión de largo plazo, alianzas estratégicas y un enfoque inclusivo que impulse el desarrollo social.
Al explorar estos nuevos horizontes, gobiernos, empresas y ciudadanos están llamados a construir juntos un modelo de crecimiento más resiliente, equitativo y sostenible, donde la IED deje de ser solo un flujo de capital y se convierta en verdadero motor de progreso.
Referencias