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Mitos y Verdades de la Valoración de Activos Complejos

Mitos y Verdades de la Valoración de Activos Complejos

07/01/2026
Felipe Moraes
Mitos y Verdades de la Valoración de Activos Complejos

El mundo financiero está lleno de incertidumbre y complejidad. Valorar activos con estructuras inusuales o mercados volátiles exige enfoque y rigor.

Para navegar este terreno es crucial distinguir entre mitos que confunden y verdades que aportan claridad y confianza al proceso de valoración.

1. Qué son “activos complejos” y por qué su valoración es distinta

Definimos como activos complejos aquellos cuya naturaleza o entorno hacen que su estimación no sea inmediata ni estándar:

  • Empresas en sectores muy volátiles (tecnología disruptiva, biotecnología, fintech, crypto).
  • Instrumentos con estructuras contractuales no lineales (derivados, project finance, deuda convertible).
  • Activos ilíquidos (private equity, infraestructuras, real estate no cotizado).
  • Valores con dependencia de supuestos de largo plazo (patentes, concesiones, recursos naturales).

La valoración de estos activos requiere combinar métodos cuantitativos con juicios cualitativos, pues la información histórica suele ser limitada o poco fiable.

En estos escenarios, más rango de valores razonables emerge de forma natural, reflejando la amplitud de posibles resultados futuros.

Adicionalmente, la transparencia al documentar cada supuesto es esencial para justificar y comunicar la estimación ante inversores y reguladores.

2. Mito: “Existe un valor verdadero, único y totalmente objetivo”

Una creencia muy extendida es que la valuación debería arrojar un único número exacto, el valor definitivo de un activo. Esta visión no considera la variación inherente al análisis.

La realidad es que no existe un único valor correcto; diferentes métodos o supuestos pueden ofrecer estimaciones muy distintas.

Para ilustrar:

  • Escenarios de crecimiento y márgenes definidos por cada analista.
  • Percepción del riesgo país, regulatorio o tecnológico.
  • Horizonte de salida y supuestos de desinversión en capital privado.

A continuación se muestra un ejemplo con tres escenarios para una empresa sin beneficios:

Para ser realmente útiles, las valoraciones deben estimar un rango razonable y explicar cada hipótesis al detalle.

Además, realizar análisis de sensibilidad sobre las variables críticas ayuda a visualizar cómo cambia el valor frente a modificaciones en crecimiento, tasas o márgenes.

3. Mito: “Cuanto más complejo es el modelo, mejor la valoración”

Mucha gente asume que un modelo con cientos de pestañas y microdetalle capturará mejor la realidad. En realidad, ese exceso de complejidad puede generar resultados menos fiables.

Los grandes modelos suelen:

  • Ser extremadamente sensibles a supuestos difíciles de comprobar.
  • Ocultar errores de coherencia interna y dificultar la auditoría.

Por contraste, los modelos más simples suelen ser más robustos y permiten identificar con claridad el impacto de cada variable principal.

Una estructura ligera, con 10–20 drivers clave (volumen, precios, márgenes, capex, WACC) facilita el mantenimiento y la explicación a terceros.

En definitiva, un modelo eficaz es aquel que representa lo esencial sin perder la transparencia ni la capacidad de ajuste rápido ante nuevos datos.

4. Verdades técnicas clave: coherencia entre flujos y tasa de descuento

Uno de los principios más críticos al analizar un activo complejo es garantizar la coherencia entre flujos y tasa de descuento.

Los tipos de flujos más utilizados son:

• Flujo de Caja Libre para la Empresa (FCFF), descontado al WACC.

• Flujo de Caja Libre para el Accionista (FCFE), descontado al costo de capital propio.

• Flujos de proyecto (project finance) frente a flujos para el sponsor.

Aplicar una tasa de descuento incorrecta a un flujo que no le corresponde genera distorsiones significativas en la valoración.

Por ejemplo, si un FCFF perpetuo es de 10 unidades, con un WACC del 10 % y un crecimiento constante del 2 %, el valor es:

Valor empresa = 10 / (0,10 − 0,02) = 125

En cambio, descontando ese mismo flujo al costo de equity del 14 %:

10 / (0,14 − 0,02) ≈ 83,3

Se pierde más del 33 % únicamente por el error de mezclar flujos y tasa.

En contextos de project finance, diferenciar correctamente entre flujos del proyecto y de los socios es igualmente vital para no sobrevaluar ni infravalorar el activo.

5. Mito: “El valor terminal es un residuo matemático sin importancia”

En muchos modelos DCF, el valor terminal supera el 70 % del valor presente. Aun así, a menudo se calcula de forma mecánica y sin un análisis riguroso.

Es fundamental entender que el valor terminal no es un residuo matemático; refleja expectativas de crecimiento estable o condiciones de salida futuras.

Se usan principalmente dos métodos:

• Crecimiento a perpetuidad: VT = FCFₙ₊₁ / (r − g).

• Múltiplos de salida basados en comparables (EV/EBITDA, P/E).

Errores comunes incluyen asumir una tasa de crecimiento por encima del PIB nominal o aplicar múltiplos de mercados maduros a sectores en fase inicial.

Analicemos un caso práctico: si los flujos de años 1–5 suman 30 unidades y el valor terminal es 90, el total asciende a 120. El 75 % proviene del periodo terminal, lo que subraya su importancia.

Por tanto, cada supuesto en el cálculo terminal merece una revisión cuidadosa y coherente con el contexto macro y sectorial.

6. Mito: “Si el activo es más riesgoso, solo tengo que subir mucho la tasa de descuento”

Es común ver que, ante un activo de alto riesgo, se penaliza tanto el flujo como la tasa, amplificando el ajuste de forma excesiva.

Esta doble penalización del mismo riesgo conduce a valoraciones que infravaloran sistemáticamente el activo y refuerzan el sesgo de confirmación.

Lo apropiado es reflejar el riesgo ya sea:

• En los flujos, mediante escenarios probabilísticos y supuestos conservadores.

• En la tasa de descuento, añadiendo primas por país, sector, tamaño o liquidez.

Por ejemplo, un proyecto con FCF esperado de 100 unidades y una tasa del 10 % vale 1000. Si además se reduce el flujo a 60 y se lleva la tasa a 14 %, el valor cae drásticamente de forma no justificada técnicamente.

El enfoque coherente permite distinguir entre riesgos manejables mediante supuestos y aquellos que realmente requieren primas adicionales en la tasa.

Concluyendo, entender y desmontar estos mitos mejora la calidad de las valoraciones y fortalece la confianza de inversores y gestores.

La clave está en un equilibrio cuidadoso entre metodología, documentación de supuestos y transparencia en la comunicación de resultados.

Así, la valoración de activos complejos deja de ser un desafío indescifrable para convertirse en una herramienta de decisión poderosa y confiable.

Felipe Moraes

Sobre el Autor: Felipe Moraes

Felipe Moraes es colaborador en finanzas personales en tucontrol.org. Su contenido se enfoca en la organización financiera, el control de gastos y estrategias prácticas para una mejor administración del dinero.