El flujo de capital mundial se asemeja a una obra musical en constante evolución, donde cada inversión aporta su propio timbre y resonancia.
En este artículo, exploraremos cómo los principales actores redibujan el panorama global y qué factores marcan el compás de los movimientos financieros.
Durante los últimos dos años, la inversión extranjera directa (IED) ha vivido un notable cambio de ritmo. Tras un pico sostenido durante la década anterior, la IED mundial cayó un 11% en 2024, situándose en 1,5 billones de dólares.
La primera mitad de 2025 confirma esta tendencia: UNCTAD pronostica una caída adicional del 3%, impulsada por descensos en economías desarrolladas clave y, sin embargo, contrarrestada por repuntes en regiones emergentes.
El fenómeno más destacado es la proliferación de megaproyectos de más de 1.000 millones, concentrados en centros de datos, semiconductores y energías renovables. Aunque su número tocó techo en 2023, permanece elevado y magnifica el tamaño medio de los anuncios greenfield.
Detrás de esta melodía aparecen tensiones geopolíticas y económicas: la fragmentación de cadenas de suministro, políticas industriales proteccionistas y estrategias de “de-risking” que alteran la orquestación habitual del capital.
Hines advierte en 2025 sobre un entorno de “tariff shocks”, inflación persistente y rendimientos elevados en deuda a largo plazo, elementos que reconfiguran el coste de capital y la valoración de activos.
La sinfonía del capital no solo varía en ritmo, sino también en espacialidad. El mapa global de inversiones revela ganadores y rezagados.
En EE. UU., a pesar de que entre junio y septiembre de 2025 se anunciaron 546 proyectos (-26% interanual) y 35.200 millones USD de capital (-18%), el acumulado enero–septiembre ya supera el total de 2024. Grandes anuncios en data centers y renovables sostienen el liderazgo.
El 67% de los inversores globales, según PwC, posiciona a EE. UU. como principal destino, seguido a distancia por India (45%) y China continental (32%).
Por su parte, Canadá registra récord de IED entrante en 2024 y consolida la tendencia en 2025. La cuota de proyectos procedentes de EE. UU. cayó de 47% a 39%, mientras crecen flujos de Reino Unido, Francia, Suiza, Alemania, India, Japón, China y Australia.
Europa Occidental, históricamente líder, no escapa a la erosión de atractivo: en 2024 su IED cayó cuando el flujo global subió. Se anticipa un tercer año consecutivo de retrocesos en número de proyectos.
De fondo, Morgan Stanley identifica un economía multipolar y rewiring global: menor apertura comercial, mayor control de cadenas y énfasis en seguridad económica.
El capital busca pasajes en dos grandes secciones: la economía digital impulsada por IA y el complejo energético en transición.
En el ámbito digital, UNCTAD subraya el aumento del valor de anuncios greenfield gracias a grandes proyectos en IA y centros de datos. AWS, Google y Brookfield lideran inversiones superiores a 1.000 millones USD en 2025.
JP Morgan Private Bank estima un crecimiento cercano al 25% anual en desarrollo de data centers en EE. UU., y entre 15% y 35% en Asia, Europa y Latinoamérica.
La transición energética exige, según McKinsey, 6,5 billones USD anuales hasta 2050 en nuevos activos físicos y redes. JP Morgan advierte de un bottleneck de energía que multiplica por cinco la demanda de electricidad en pocos años.
Eso crea oportunidades estructurales en generación fósil y renovable, nuclear, almacenamiento en baterías y redes de distribución, así como en infraestructuras asociadas como torres y fibra óptica.
FT/FDI Intelligence prevé un repunte de proyectos renovables hacia 2026, tras un pequeño bache en 2025, consolidando la tendencia verde en la agenda de IED.
Al cerrar esta sinfonía, queda claro que el capital global no ha desaparecido, sino que cambia de tonalidad y protagonismo. Comprender su partitura permite anticipar la próxima armonía de inversiones.
Referencias