En un mundo marcado por la interconexión financiera y los desafíos ambientales, la creación de valor ya no se mide únicamente por indicadores tradicionales. Hoy, la sostenibilidad se erige como el pilar esencial para impulsar un crecimiento duradero.
Este artículo explora las tendencias, retos y oportunidades que configuran el futuro de la riqueza global, ofreciendo estrategias prácticas para empresas, gestores y cualquier persona interesada en generar un impacto positivo.
El crecimiento anual de la riqueza global se ralentizó al 4,4% en 2025, por debajo del promedio de los últimos cinco años. Factores como la inflación, las fluctuaciones monetarias y las tensiones geopolíticas han impactado la dinámica de activos financieros y reales.
Más allá de la simple valorización de mercados, el énfasis se traslada al crecimiento orgánico a través de nuevos clientes, segmentos estratégicos y la digitalización de procesos, marcando un giro hacia modelos más resilientes y adaptables.
Durante el primer semestre de 2025, los fondos sostenibles alcanzaron una rentabilidad mediana del 12,5% frente al 9,2% de los fondos tradicionales, consolidando su mejor desempeño relativo desde 2019.
Si hubiéramos invertido 100 dólares en un fondo sostenible en diciembre de 2018, hoy valdrían 136 dólares, comparados con 131 dólares en un fondo convencional. Este diferencial pone de manifiesto el potencial de los criterios ESG para crear valor a largo plazo.
Los activos globales bajo criterios ESG se mantienen sólidos en 3,16 billones de dólares, pese a ciertas salidas en Europa. Además, el capital privado bajo en carbono creció un 123% en los últimos cinco años, más del doble de la tasa de los mercados públicos.
Los marcos normativos avanzan rápidamente. La Unión Europea actualiza la CSRD y el Green Bond Standard; el Reino Unido aplica nuevos requisitos de divulgación; China emite directrices voluntarias. El objetivo común es combatir el greenwashing y elevar la fiabilidad de los informes.
Hoy el 61% de los inversores considera que la integración ESG reduce la volatilidad en sus carteras, mientras que el 93% advierte sobre el impacto del riesgo climático en resultados a corto plazo.
La disrupción tecnológica redefine la gestión de patrimonios y la inversión. Herramientas como tokenización, inteligencia artificial y blockchain facilitan el acceso y la transparencia en activos antes ilíquidos.
La tecnología se posiciona como el máximo catalizador de disrupción y oportunidad en el corto y mediano plazo.
Aunque las oportunidades crecen, persisten barreras como altos costos, iliquidez y falta de transparencia en mercados privados. Abordarlas requiere liderazgo y acción coordinada.
Proyectos solares han registrado tasas internas de retorno del 21-24% en horizontes de 10 a 25 años. En 2024, el 20% de las nuevas ventas de automóviles correspondió a vehículos eléctricos, superando los 17 millones de unidades.
Grandes gestoras se comprometen a que el 75% de sus carteras estén alineadas con metas científicas de reducción de emisiones para 2030. Este nivel de ambición marca un antes y un después en el mercado financiero.
La transición hacia un modelo inclusivo y sostenible ofrece una ventana de oportunidad única para quienes buscan no solo incrementar su patrimonio, sino también dejar un legado positivo para las generaciones futuras.
Referencias