El hidrógeno verde se perfila como el recurso clave para una transformación energética justa y sostenible. Chile y España lideran iniciativas ambiciosas que prometen cambiar el rostro de la industria y el transporte hacia un futuro libre de emisiones.
El hidrógeno verde, producido mediante electrólisis alimentada por energías renovables, ofrece una alternativa limpia al fósil. Se convierte en un vector esencial para la descarbonización y un pilar de la transición energética global.
Además de reducir emisiones, este vector favorece la creación de empleo verde e innovador y fortalece la seguridad energética diversificada y asequible. El cumplimiento del ODS 7 y la neutralidad climática para 2050 dependen en gran medida de su despliegue.
Con el lanzamiento de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde a fines de 2020 y su Plan de Acción 2023-2030 en plena ejecución, Chile se consolida como el faro regional en este sector emergente.
Entre sus objetivos principales destacan alcanzar 5 GW de capacidad de electrólisis, producir 200 kton/año en al menos dos polos especializados y atraer inversiones por 5 BUSD para 2025. Este impulso busca generar una industria sostenible de hidrógeno verde y abrir mercados de exportación.
El proceso participativo involucra mesas interministeriales, consejos ciudadanos y un comité estratégico que garantiza una transición inclusiva y responsable. La reconversión laboral y el desarrollo social-territorial son ejes transversales.
La Hoja de Ruta española, aprobada por MITECO, se alinea con el PNIEC 2021-2030 y las estrategias de la UE. Pretende impulsar 4 GW de electrolizadores para 2030 y asegurar que al menos el 25 % del hidrógeno consumido en la industria sea renovable.
Movilidad, industria y logística portuaria adquieren protagonismo mediante 150 autobuses, 5.000 vehículos ligeros y pesados, dos líneas de trenes y más de 100 hidrogeneras. Proyectos estratégicos como el PERTE consolidan una cadena de valor tecnológica y fomentan la innovación y competitividad industrial.
La meta de 12 GW de capacidad de electrólisis y 70.000 ton/año de producción para 2030 consolida la visión de una neutralidad climática para 2050 y la integración total de renovables en el sistema eléctrico.
La transición al hidrógeno verde enfrenta retos significativos: la descarbonización de la industria pesada de alto consumo energético, la adaptación de infraestructuras logísticas y la formación de mano de obra capacitada.
Sin embargo, estos desafíos encarnan oportunidades únicas. La diversificación energética refuerza la seguridad frente a crisis geopolíticas, mientras que la creación de polos productivos impulsa economías locales y genera empleo de calidad.
Es esencial fomentar alianzas público-privadas, incentivar la inversión y promover la investigación en nuevos electrolizadores y materiales. La cooperación internacional amplifica el impacto y acelera el despliegue global.
El camino hacia la neutralidad de carbono requiere compromiso político, empresarial y ciudadano. Cada proyecto autorizado y cada megavatio instalado acerca a la humanidad a un modelo energético respetuoso con el planeta.
Apoyar la «Ruta del Hidrógeno Verde» no solo mitigará el cambio climático, sino que generará cadenas de valor tecnológicas sólidas, mejorará la competitividad industrial y garantizará un futuro próspero para las próximas generaciones.
La hora de actuar es ahora: gobiernos, inversores y comunidad científica deben unirse para convertir el hidrógeno verde en el motor definitivo de la economía circular y de bajas emisiones.
Referencias