En un mundo urgido por la transición energética, el hidrógeno verde emerge como una tecnología clave para la descarbonización de industrias y transportes.
Producido mediante electrólisis con energías renovables, elimina las emisiones de carbono, posicionándose como un pilar fundamental para un futuro sostenible.
Este artículo explora las rutas estratégicas de Chile y España, destacando cómo estas inversiones están moldeando el panorama energético global.
El hidrógeno verde se genera a partir de agua y electricidad proveniente de fuentes renovables como la solar o eólica.
Este proceso, llamado electrólisis, no produce emisiones de gases de efecto invernadero, lo que lo convierte en una alternativa limpia.
Su importancia radica en descarbonizar sectores difíciles de electrificar, como la industria pesada o el transporte de larga distancia.
Al contribuir a metas de neutralidad climática para 2050, representa una oportunidad única para impulsar economías sostenibles.
Chile ha lanzado una Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde en 2020, estableciendo una hoja de ruta ambiciosa.
Su objetivo principal es coordinar acciones entre gobierno y regiones para desarrollar una industria sostenible alineada con la neutralidad carbono.
Esta estrategia se basa en seis pilares estratégicos fundamentales.
El primer plan de acción (2020-2023) incluye cuatro líneas clave para impulsar el mercado.
Para 2025, Chile tiene metas productivas audaces que reflejan su compromiso.
Estas incluyen atraer 5 BUSD en inversiones, convirtiéndolo en líder regional.
Además, busca desarrollar 5 GW de capacidad de electrólisis y producir 200 kton/año en al menos dos polos industriales.
El plan 2023-2030, en ejecución, involucra un proceso participativo con mesas interministeriales y ciudadanía.
Este enfoque busca priorizar acciones estatales y fomentar la reconversión productiva y laboral.
España ha posicionado el hidrógeno verde como central en su camino hacia la neutralidad climática para 2050.
Alineado con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), apunta a un sistema eléctrico 100% renovable.
La hoja de ruta española establece objetivos clave para 2030 que impulsan la transición.
Estas medidas buscan producir hasta 70.000 toneladas anuales de hidrógeno renovable.
Además, se proyecta una reducción de 4,6 millones de toneladas de CO2, contribuyendo significativamente a los objetivos climáticos.
La hoja de ruta incluye 60 medidas organizadas en cuatro ámbitos para garantizar un despliegue efectivo.
La visión a 2050 contempla una integración completa en el sistema energético, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles.
Para entender mejor estas rutas, es útil contrastar los enfoques de Chile y España en una tabla comparativa.
Esta comparación resalta cómo cada país adapta su estrategia a contextos regionales y capacidades.
El éxito del hidrógeno verde depende de abordar temas transversales que van más allá de la tecnología.
La descarbonización es central, reemplazando hidrógeno fósil en sectores como la aviación o transporte pesado.
Esto requiere inversiones en infraestructura crítica y políticas de apoyo continuo.
En economía e inversiones, se abren oportunidades para exportaciones limpias y cadenas de valor innovadoras.
Esto puede generar empleo sostenible y dinamizar economías locales a través de valles de hidrógeno.
La sustentabilidad integra análisis ambientales y sociales, asegurando un uso equilibrado de recursos.
La participación de comunidades es clave para proyectos como polos en Chile o pilotos en España.
La alineación internacional con objetivos como los ODS 7 y el Acuerdo de París fortalece la colaboración global.
Esto mejora la seguridad energética y fomenta la transferencia de conocimientos entre regiones.
Las rutas de Chile y España presentan oportunidades únicas para inversores en energías renovables y tecnologías limpias.
En Chile, el enfoque en exportación y desarrollo local atrae capital para proyectos a gran escala.
En España, las medidas regulatorias y sectoriales crean un entorno favorable para innovación.
Invertir en hidrógeno verde no solo impulsa la transición energética, sino que también genera retornos a largo plazo.
Los beneficios incluyen la creación de empleos verdes y la reducción de riesgos climáticos.
Para aprovechar estas oportunidades, es esencial fomentar la colaboración público-privada y la educación continua.
Esto asegura que las comunidades se beneficien y que los proyectos sean inclusivos y sostenibles.
El futuro de la energía está en manos de quienes deciden invertir en soluciones como el hidrógeno verde hoy.
Al unirse a esta revolución, podemos construir un mundo más limpio y próspero para las generaciones venideras.
Referencias