La creciente urgencia de abordar el cambio climático y la degradación ambiental ha propiciado el auge de la economía verde. En este contexto, la inversión en sostenibilidad ofrece retornos financieros y sociales sin precedentes. El desafío es comprender su alcance, sus beneficios y las oportunidades concretas, tanto en el ámbito global como en España y la Unión Europea.
Según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), la economía verde se define como aquella que «resulta en un mejor bienestar humano y equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas». Este modelo busca transformar la estructura productiva hacia un esquema de baja emisión de carbono, aprovechando al máximo los recursos disponibles.
Entre los rasgos más destacados de la economía verde se encuentran:
Aunque guarda sinergias con la economía circular —centrada en el ciclo de materiales—, la economía verde tiene un alcance más amplio: involucra sectores como la energía, el transporte, la construcción y la agricultura, promoviendo un modelo bajo en carbono y socialmente inclusivo.
Las cifras avalan su importancia estratégica. Un informe de Oxford Economics y Arup proyecta que la economía verde podría aportar cerca de 10,3 billones de dólares al PIB global en 2050, equivalente al 5% de la producción mundial estimada para entonces. A día de hoy, el Foro Económico Mundial junto con BCG sitúan el valor anual de la economía verde por encima de los 5 billones de dólares, con expectativas de superar los 7 billones en 2030.
Estos estudios destacan que los ingresos “verdes” crecen más rápido que los convencionales, y las empresas con mayor proporción de ventas sostenibles tienden a superar al mercado en rendimiento financiero. Además, se prevé un incremento adicional de 2 billones de dólares en los próximos cinco años, impulsado por:
De hecho, una inversión anual equivalente al 2% del PIB global en iniciativas verdes permitiría lograr un crecimiento económico similar al escenario más optimista de la economía “marrón”, pero con ecosistemas mucho mejor preservados.
La competitividad de las soluciones limpias ha mejorado de forma extraordinaria en la última década. Según el WEF–BCG, desde 2010 las siguientes tecnologías han experimentado reducciones de coste:
Estas caídas de precio han convertido a las renovables en tecnologías coste-competitivas para abatir cerca del 55% de las emisiones globales. Un 20% adicional podría abordarse con pequeños sobrecostes y políticas adecuadas, mientras que el 25% restante de tecnologías de descarbonización profunda aún requiere apoyo público y financiación dirigida.
El interés inversor no se detiene. BloombergNEF reporta que en el primer semestre de 2025 la inversión en energías renovables alcanzó un récord de 386.000 millones de dólares, un 10% más que en el mismo periodo del año anterior.
El desglose por tecnología fue el siguiente:
Geográficamente, India lideró con 11.800 millones de dólares en proyectos híbridos de energía, Turquía creció un 12% en solar y Indonesia quintuplicó sus inversiones, gracias a planes nacionales que generan oportunidades por 96.000 millones en la próxima década.
En el plano global, China se posicionó en 2024 como el principal inversor en energía limpia con 659.000 millones de dólares, aportando más del 60% de la nueva capacidad renovable hasta 2030. Europa y Estados Unidos mantienen ventaja en innovación, pero la escala industrial china está reconfigurando cadenas de suministro.
Por último, la adaptación climática ha movilizado 1,1 billones de dólares anuales en infraestructura resiliente, y las empresas de soluciones bajas en carbono han logrado una rentabilidad acumulada del 123% a cinco años, frente al 57% de los mercados públicos comparables.
El Banco Central Europeo advierte que la transición a una economía climáticamente neutra en la UE requiere volúmenes de inversión estructurales muy elevados hasta 2030 y más allá. Es esencial cuantificar necesidades por sectores —energía, transporte, edificación e industria— y garantizar canales de financiación eficientes mediante banca, mercados de capitales y blended finance.
España entra en 2025 con un dinamismo económico superior a la media europea. El país dispone de un entorno ideal para apostar por renovables y proyectos de movilidad eléctrica, rehabilitación de edificios y soluciones agroambientales. Algunas áreas clave de inversión son:
El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la UE y los fondos NextGenerationEU pueden canalizar más de 70.000 millones de euros hacia estos proyectos, generando empleo de calidad y consolidando un modelo productivo sostenible.
En definitiva, la economía verde no es solo un imperativo moral, sino una apuesta rentable y estratégica. Invertir en sostenibilidad hoy garantiza un futuro próspero, equitativo y respetuoso con el planeta. El momento de actuar es ahora: cada proyecto, cada euro canalizado, construye el camino hacia una civilización más justa y resiliente.
Referencias