En un mundo donde la economía global fluctúa al compás de múltiples variables, entender sus patrones recurrentes y sus respuestas es indispensable para cualquier inversor ambicioso.
El escenario global en 2024-2026 está marcado por un telón de fondo de desaceleración, no colapso. Según la UNCTAD, el crecimiento mundial se moderará de 2,9% en 2024 a 2,6% en 2025 y 2026, por debajo de la tendencia prepandemia del 3% y muy lejos del 4,4% previo a la crisis de 2008-2009.
Las grandes economías avanzan a ritmos distintos, lo que añade complejidad a la coreografía global:
El comercio mundial experimentó un repunte al inicio de 2025, impulsado por envíos adelantados a nuevas tarifas y por inversiones en IA. Sin embargo, una vez depurados estos efectos, el avance real ronda el 2,5–3%, frente al 4% inicial. Más de 90% del comercio depende de financiación comercial, lo que subraya tanto su potencial como su vulnerabilidad.
El sentimiento empresarial se mantiene optimista: una encuesta de McKinsey de diciembre de 2025 revela que 42% de los ejecutivos espera mejoras en sus países, aunque más de la mitad anticipaba recesión para 2025-2026. Esta mezcla de esperanza y cautela define una danza sobre un piso inestable, donde cada paso exige atención al ritmo global.
La política monetaria actúa como ritmo base de la danza. En EE. UU., la Reserva Federal reanudó recortes de tipos en 2025 ante la desaceleración del empleo, pero la inflación anual aún llega al 2,9%, la más alta desde enero. Con movimientos mensuales de 0,4% en el IPC, la Fed busca un equilibrio fino entre sostener el crecimiento y no reavivar la inflación.
Este enfoque ha catapultado al S&P 500 un 14% en lo que va de 2025, apoyado en beneficios sólidos. Mientras tanto, Japón se dispone a subir tasas y Europa mantiene niveles cercanos al mínimo, generando diferenciales que atraen flujos hacia APAC y mercados emergentes.
La inflación persistente ha reforzado el rol de las materias primas como refugio. Divisas como el AUD y el CAD, ligadas a energía y minerales, muestran potencial alcista en este escenario de escenarios estanflacionarios latentes.
Las dinámicas de crecimiento, desaceleración y posible reaceleración forman un cambio de tempo al que los participantes deben adaptarse. BNY y Goldman Sachs prevén desaceleración en 2025, pero sin recesión, y un repunte en 2026 gracias a estímulos fiscales y ajustes monetarios.
Incluso dentro de un año, existen micro-ritmos que marcan oportunidades. La estacionalidad positiva del cuarto trimestre ha sido históricamente la mejor para las bolsas, y las ventanas tras correcciones ofrecen momentos ideales para entrar o reforzar posiciones:
La globalización lineal da paso a una reconfiguración de cadenas de suministro. Goldman Sachs documenta un sharp uptick en aranceles desde 2020, con foco en onshoring y reshoring. El comercio global en valor creció de 6,5 billones de USD en 2000 a 24,1 billones en 2024.
Los flujos seguirán expandiéndose, pero con mayor diversificación de rutas y proveedores. Este nuevo escenario multipolar obliga a las empresas a estudiar cada movimiento como un paso de baile estratégico, minimizando riesgos y aprovechando oportunidades regionales.
Los mercados responden de forma distinta según el tipo de estímulo o shock que reciban. Comprender estas reacciones diferenciadas permite anticipar movimientos y definir estrategias eficaces.
Ante un repunte inflacionario, los activos ligados a materias primas suelen brillar como cobertura. Si los bancos centrales recortan agresivamente, las acciones de crecimiento y sectores cíclicos suelen adelantarse al rebote económico.
Los shocks geopolíticos introducen picos de volatilidad que pueden desestabilizar temporalmente la pista, pero también crean ventanas para posicionarse en activos refugio y en inversiones contracíclicas.
Por último, la integración de la IA redefine patrones de inversión: fondos cuantitativos y algoritmos de alta frecuencia ajustan sus estrategias en tiempo real, acelerando movimientos y generando nuevas oportunidades en sectores tecnológicos y de infraestructura digital.
En conclusión, la danza de los mercados exige observar el compás macro, seguir el ritmo de la política monetaria, adaptar los pasos a los ciclos y reaccionar con agilidad ante cada sorpresa. Solo así el inversor puede mantenerse en la pista, aprovechando cada giro sin perder el compás.
Referencias