En un mundo donde la velocidad del cambio tecnológico define vencedores y vencidos, la innovación abierta surge como una palanca esencial para multiplicar el impacto de la inversión y acelerar el futuro.
Henry Chesbrough definió la innovación abierta como el uso intencional de entradas y salidas de conocimiento para acelerar la innovación interna y expandir mercados externos. Este modelo rompe el paradigma del I+D cerrado, permitiendo que las empresas integren ideas externas y divulguen activos propios.
Las entradas incluyen tecnologías y know-how que provienen de clientes, startups o universidades. Las salidas abarcan patentes, licencias y spin-offs que se comercializan fuera de la organización.
La inversión conjunta en I+D es la base que sostiene estos flujos: corporaciones, centros tecnológicos y emprendedores comparten costes, riesgos y recompensas para materializar soluciones más robustas.
Existen diversas formas de estructurar este enfoque colaborativo. Una comparativa ayuda a visualizar sus diferencias y aplicaciones:
Muchas empresas adoptan un modelo combinado y colaborativo, integrando flujos inbound y outbound, co-creando en plataformas compartidas o laboratorios conjuntos.
Cada mecanismo se adapta a distintos objetivos: desde la exploración temprana de tecnologías hasta la coindustrialización de productos maduros.
La innovación abierta se erige como un potente motor de inversión por varias razones:
Las empresas pueden probar pilotos con menor CAPEX propio y distribuir riesgos con partners que asumen parte de la inversión y comparten la recompensa si la solución escala.
Para evaluar el impacto de la innovación abierta, es vital medir tanto resultados como procesos:
Entre los riesgos destacan la pérdida de propiedad intelectual, conflictos culturales y problemas de confidencialidad. Una gestión proactiva de contratos y acuerdos de gobernanza minimiza estos desafíos.
Algunos ejemplos demuestran el poder transformador de la innovación abierta:
Procter & Gamble, con su programa Connect & Develop, estableció alianzas con más de 1.200 socios externos, generando productos icónicos y ahorros millonarios en investigación.
LEGO Ideas consolidó una comunidad global donde los fans proponen y votan diseños; varios sets exitosos nacieron de estas colaboraciones.
IBM fomentó hackathons y partnerships con startups para integrar inteligencia artificial en sus servicios, acelerando su oferta en la nube y software cognitivo.
El siguiente capítulo de la colaboración estará marcado por:
La convergencia de estas tendencias invita a las empresas a repensar sus estructuras, promoviendo una cultura abierta y adaptable.
La innovación abierta no solo transforma la forma de crear, sino que redefine cómo invertimos en el futuro. Al unir talento interno y externo, las organizaciones construyen un ecosistema donde la creatividad y la inversión convergen para lograr soluciones disruptivas y sostenibles.
Referencias