En un entorno económico cada vez más interdependiente, la idea de eliminar barreras cobra una dimensión estratégica. Abrir las puertas a las personas, al capital y al conocimiento ya no es solo un debate migratorio, sino una palanca de crecimiento y diferenciación para países y empresas que buscan expandirse.
La noción de frontera abierta se entiende tradicionalmente como la capacidad de permitir la circulación de personas entre jurisdicciones con pocos o ningún control. Sin embargo, podemos reinterpretarla como un modelo de apertura al talento, capital y conocimiento. Así, los estados y las organizaciones que reducen las fricciones administrativas y regulatorias maximizan su atractivo.
Existen tres tipos de fronteras:
Numerosos estudios muestran que la libre movilidad de personas podría aumentar entre un 67% y un 147% el producto mundial bruto, según Michael Clemens. Los migrantes multiplican sus ingresos y envían remesas que triplican la ayuda oficial al desarrollo.
El impacto directo y colateral es tan grande que se estima una ganancia anual de un billón de dólares, una cifra comparable a crear 150 empresas del tamaño de Google cada año.
La UNCTAD reportó una caída del 11% en la IED mundial en 2024, hasta 1,5 billones de dólares, y anticipa un descenso adicional del 3% en 2025. Sin embargo, hay ejemplos de resiliencia y cambio de polos de atracción.
Estados Unidos alcanzó un máximo histórico de proyectos y, pese a cierta moderación, en enero-septiembre de 2025 ya supera en 11% el capital anunciado de todo 2024, con grandes inversiones en data centers y energías verdes.
Países con protección a la inversión extranjera, estabilidad fiscal y marcos regulatorios ágiles se consolidan como hubs de inversión global.
La geografía de la inversión se desplaza: Asia y ciertos mercados europeos ganan peso frente a un Norteamérica saturado. China retoma impulso con leyes pro-tecnología y velocidad de implementación.
Al mismo tiempo, crecen con fuerza los activos ESG y la inversión de impacto, reflejando una demanda creciente de proyectos sostenibles.
Para construir una ventaja competitiva global a largo plazo, instituciones públicas y empresas pueden adoptar medidas concretas:
Adicionalmente, fomentar un ecosistema de innovación y emprendimiento con incubadoras, centros de investigación y alianzas público-privadas acelera el desarrollo de sectores estratégicos.
La experiencia muestra que quienes abrazan la apertura sacan un mayor rédito económico y social. Reducir barreras no solo impulsa la economía, sino que enriquece la diversidad cultural y fortalece la resiliencia ante crisis globales.
Invitamos a líderes, inversores y ciudadanos a sumarse a esta visión: un mundo interconectado, sin muros innecesarios, donde la movilidad de personas y capital sea la palanca para un crecimiento sostenible y compartido.
En definitiva, abrir fronteras es abrir posibilidades. Es el momento de actuar y transformar la colaboración global en oportunidad de prosperidad colectiva.
Referencias