En 2026, el mundo vive un crecimiento global moderado y resiliente, pero enfrenta presiones que podrían desembocar en una recesión. Este artículo explora las claves de este ciclo, ofrece datos concretos y propone estrategias prácticas para empresas, gobiernos y ciudadanos.
Tras la fuerte recuperación postpandemia, la actividad mundial se modera ligeramente. La aplicación de políticas comerciales proteccionistas de EE.UU. y las tensiones geopolíticas han ralentizado el ritmo de expansión.
Al mismo tiempo, la moderación de la inflación y las transiciones estructurales como la IA y el nearshoring sostienen la demanda en sectores clave. Sin embargo, deuda alta y debilidad inversora son riesgos latentes.
Los principales organismos difieren en sus estimaciones, pero coinciden en un enfriamiento respecto al período prepandemia (3,2%). A continuación, un resumen:
El actual ciclo no está exento de fragilidades. El endurecimiento arancelario amenaza las exportaciones de Europa y China. A esto se suman los choques climáticos, la elevada deuda pública y privada, y la persistente debilidad de la inversión productiva.
La fragmentación geopolítica y las restricciones migratorias podrían erosionar cadenas de suministro. Además, el agotamiento de los fondos europeos y la sostenibilidad fiscal en mercados emergentes como Colombia son focos de incertidumbre.
Existen dos posibles rutas: por un lado, la resiliencia, impulsada por la innovación tecnológica y la adaptación de políticas económicas. Por otro, un cambio de ciclo que derive en convergencia hacia tasas de crecimiento más bajas o incluso recesión en regiones clave.
En cualquier caso, la clave estará en la capacidad de:
Para empresas:
Para gobiernos:
Fomentar el diálogo público-privado, facilitar marcos de inversión y priorizar la educación en habilidades digitales.
Para ciudadanos:
Desarrollar competencias en nuevas tecnologías, ahorrar de forma regular y adaptar gastos a un contexto de tipos de interés más altos.
El ciclo económico de 2026 combina resiliencia y riesgo. Mientras el consumo y las políticas acomodaticias sostienen la actividad, las tensiones comerciales, la elevada deuda y los desafíos climáticos requieren atención inmediata.
Adoptar estrategias proactivas, enfocadas en la innovación y la sostenibilidad, será fundamental para navegar con éxito este pulso del dinero y asegurar un crecimiento inclusivo y duradero.
Referencias