En un mundo marcado por la transformación constante y la incertidumbre política, económica y ambiental, la cadena de suministro se redefine para hacer frente a nuevos retos y aprovechar oportunidades.
El año 2025 se revela como un punto de inflexión en la evolución de la cadena de suministro. Tras la experiencia global de la pandemia, las empresas reconocen que la transformación digital y la sostenibilidad ya no son opcionales, sino la base para sobrevivir y prosperar.
Los modelos tradicionales, centrados exclusivamente en minimizar costos y maximizar eficiencia, han dado paso a un enfoque más holístico, donde la capacidad de recuperación ante disrupciones se equilibra con la competitividad. Se busca un punto dulce entre eficiencia y resiliencia, apoyado por tecnología avanzada y talento humano capacitado.
La volatilidad se ha normalizado. Un 63% de las empresas reporta pérdidas mayores a las esperadas por interrupciones en sus redes logísticas. Estos choques incluyen desde crisis geopolíticas y arancelarias hasta eventos climáticos extremos que, en 2025, afectaron al 63% de las compañías.
La ciberseguridad emerge como la principal preocupación para el 55,6% de las organizaciones, superando a las pandemias o catástrofes naturales. Además, la recuperación económica desigual y las presiones laborales —con un 33% de escasez de personal especializado en comercio internacional— son desafíos añadidos.
La adopción de soluciones digitales se acelera para dotar de visibilidad, capacidad predictiva y agilidad de respuesta:
Frente a la incertidumbre, las estrategias de diversificación y proximidad ganan terreno:
La presión regulatoria y social impulsa la integración de estándares ambientales, sociales y de gobernanza. Un 48% de las empresas siente una fuerte exigencia normativa que va más allá del cumplimiento, promoviendo prácticas responsables en toda la cadena.
Se incentiva el uso de energías limpias, embalajes ecoamigables y rutas logísticas de bajo impacto de carbono. Además, la transparencia en informes ESG se convierte en un factor de diferenciación competitiva.
Estas iniciativas han logrado una reducción del 88% en pérdidas por disrupciones, situando el impacto global en 184 mil millones de dólares. Sin embargo, solo el 8% de las empresas considera tener un control absoluto sobre sus riesgos, lo que destaca la necesidad de seguir fortaleciendo capacidades.
Dos ejemplos ilustran el contraste de escenarios:
La combinación de digitalización avanzada, buffers selectivos y nearshoring ha demostrado reducir costos logísticos, mejorar tiempos de entrega y disminuir la exposición ante choques políticos o ambientales.
La próxima frontera en gestión de la cadena de suministro se basa en diseñar ecosistemas flexibles y globales que conviertan cada disrupción en una ventaja competitiva. Esto implica:
Quienes logren integrar de manera armónica la resiliencia, la eficiencia y la sostenibilidad estarán mejor posicionados para liderar la era post-2025.
El futuro de la cadena de suministro ya no solo se mide en tiempos de entrega o costos, sino en su capacidad para adaptarse, innovar y proteger a las comunidades y al planeta. La oportunidad está en forjar hoy la infraestructura, los procesos y la cultura empresarial que permitirán afrontar con éxito los retos de mañana.
Referencias