En un entorno económico cada vez más volátil, los activos distressed emergen como un foco de atención estratégico. Comprender su naturaleza y aprovechar sus oportunidades permite a los inversores transformar escenarios adversos en alianzas rentables.
Los activos distressed son aquellos valores financieros o empresariales procedentes de compañías en dificultades graves, que incluyen deuda incobrable, carteras problemáticas y bienes inmuebles depreciados. Se comercializan a precios muy bajos, ofreciendo un potencial de recuperación significativo.
Estos activos abarcan propiedades embargadas, proyectos inmobiliarios inconclusos, divisiones de empresas en quiebra y carteras de préstamos morosos. Su adquisición requiere experiencia en valoración y un enfoque disciplinado de reestructuración.
El nicho distressed atrae a actores especializados que buscan rentabilidades fuera del alcance de la inversión tradicional. Cada participante aporta un enfoque propio y estrategias diferenciadas.
La adquisición de activos distressed proporciona ventajas únicas. La clave está en identificar activos con viabilidad de recuperación y ejecutar planes de reestructuración sólidos.
En un contexto donde los tipos de interés se mantienen elevados, el mercado distressed se presenta como una vía para acceder a oportunidades fuera de mercado principal, generando retornos mayores al promedio sectorial.
Aunque las recompensas pueden ser sustanciales, los riesgos asociados no deben subestimarse. La complejidad legal y la opacidad de la información son retos recurrentes para el inversor.
El escenario 2025 muestra un aumento de insolvencias corporativas y una suba de los costes financieros. El bono alemán a diez años se sitúa alrededor del 2,3%, frente a niveles negativos hace apenas tres años.
El mercado distressed en España fue prácticamente inexistente antes de la crisis financiera de 2008. A partir de 2013, tras provisiones bancarias y rescates, comenzó su expansión.
Entre 2019 y 2024, el real estate creció un 8%, el retail un 212% y financiamiento empresarial un 9% en inversiones distressed. El volumen de acuerdos M&A aumentó un 54% en cinco años.
La maduración del mercado distressed conlleva nuevas dinámicas. El fin del QE del BCE y una inflación controlada del 2% impulsan movimientos selectivos en reestructuraciones.
Las insolvencias corporativas bajaron a un índice de 3,4 en agosto de 2025, pero las quiebras de grandes empresas se elevaron un 50% en el primer semestre del año.
El uso de mecanismos preconcursales bajo StaRUG ha disminuido la cantidad de procesos formales de quiebra, permitiendo un enfoque más colaborativo entre acreedores e insolvencia.
El acuerdo entre Banco Santander y Blackstone en 2017 para la adquisición del Banco Popular es un ejemplo paradigmático de cherry-picking. Solo seleccionaron activos de alta calidad, logrando un ROIC atractivo.
Otro caso es la compra de Galeria Kaufhof por parte de fondos especializados, que tras una profunda reestructuración operativa y digital redefinieron su modelo de negocio, obteniendo retornos superiores al 20% en tres años.
Las estrategias exitosas suelen combinar análisis riguroso, experiencia en gestión operativa y alianzas con especialistas legales y financieros.
El mercado de activos distressed presenta una dualidad clara: alto riesgo y potencial de altos retornos. Convertir la crisis en ganancia requiere disciplina, conocimiento profundo y capacidad de reestructuración.
Para los inversores dispuestos a adentrarse en este nicho, cada operación es una oportunidad de generar valor real y contribuir a la estabilidad del sistema financiero. En 2025, el desafío continúa, pero las recompensas pueden ser tan grandes como el riesgo que se asume.
Referencias