La economía mundial late al ritmo de los movimientos del dinero. Comprender cómo circula cada unidad monetaria y qué factores determinan su velocidad es esencial para profesionales, empresarios e inversores que buscan promover el flujo eficiente de capital y anticipar cambios macroeconómicos.
La velocidad de circulación monetaria mide cuántas veces, en promedio, una unidad de dinero se gasta en nuevos bienes y servicios durante un periodo determinado, como un año. Según la ecuación cuantitativa del dinero—M × V = P × y—la velocidad (V) es el nexo dinámico entre la masa monetaria (M) y la actividad real y de precios (P × y).
Factores clave que influyen en este indicador:
Cuando la velocidad aumenta, la demanda se acelera y puede generarse inflación. Una baja velocidad, por el contrario, reduce la demanda y causa deflación, amenazando la salud económica.
En 2025, la inversión extranjera directa (IED) global alcanzó 1.6 billones de dólares, un crecimiento del 14 % respecto al año anterior, impulsada por 140 mil millones de dólares en inversión extranjera directa global a través de centros financieros.
Desglose por regiones y tendencias:
Se observa una marcada concentración en economías avanzadas, mientras que en los países en desarrollo el crecimiento se estanca. La caída en fusiones y adquisiciones (-10 %) y en project finance (-16 %) contrasta con el auge de los megaproyectos en semiconductores (+35 % en valor).
De cara al próximo año, el panorama es a la vez prometedor y frágil. Los expertos prevén:
Estos cambios exigirán a inversores y empresas mantener una gestión proactiva del riesgo y diversificar sus carteras, aprovechando oportunidades emergentes en Asia y Latinoamérica.
Los bancos centrales controlan la base monetaria, compuesta por moneda en circulación y reservas bancarias. A través de operaciones de mercado abierto, ajustan la liquidez para equilibrar el crecimiento económico y combatir la inflación.
En momentos de crisis, como la recesión de 2008, la Reserva Federal y otros organismos aumentaron la masa monetaria para estimular el crédito. Sin embargo, un exceso de líquido genera presiones inflacionarias si no se acompaña de un incremento proporcional en la demanda de bienes y servicios.
Por ello, las autoridades adoptan mecanismos de política monetaria activa. Entre ellos:
La evolución hacia una economía más digitalizada redefine los flujos de dinero. La tokenización de pagos transfronterizos reducirá costos y tiempos de transferencia, creando mercados más fluidos y accesibles.
Al mismo tiempo, es imprescindible fortalecer el diálogo multilateral para diseñar normas inclusivas de inversión, con énfasis en proyectos sostenibles y de alto impacto social.
Los próximos eventos, como el World Investment Forum de octubre de 2026 en Doha, serán escenarios vitales para fomentar alianzas sólidas entre naciones y redirigir capital hacia iniciativas de desarrollo.
Comprender los latidos de la economía —desde la velocidad de circulación hasta los grandes flujos financieros— permite a cada actor diseñar estrategias más efectivas, reducir riesgos y contribuir a un crecimiento global equilibrado. El corazón de la economía late a través de cada transacción; aprender a escuchar su pulso es la clave para construir un futuro próspero.
Referencias