La economía española cierra 2025 con un impulso extraordinario y se prepara para afrontar 2026 con prudencia y confianza. Este análisis profundo explora cifras clave, riesgos latentes y oportunidades brillantes.
España registró en 2025 un crecimiento del PIB que superó todas las expectativas. Con un avance del 2,8% al 2,9% anual, el país quedó muy por encima de la media de la eurozona (1,5%) y de las previsiones iniciales (2,3%).
Este desempeño extraordinario se sustentó en una demanda interna como motor principal, con consumo privado al alza y fuertes inversiones en construcción y transporte.
Las exportaciones ofrecieron un panorama mixto. Mientras los servicios turísticos aportaron un superávit cercano al 4,2% del PIB, los bienes sufrieron por la debilidad de la eurozona y aranceles vigentes.
Por su parte, la balanza por cuenta corriente registró un superávit del 2,9% del PIB, compensando el déficit comercial mediante un sólido rendimiento del sector servicios.
La proyección del PIB para 2026 se sitúa alrededor del 2,1%, según CaixaBank Research, con estimaciones que oscilan entre 1,9% y 2,2% de distintas instituciones. Este ritmo superaría nuevamente a la eurozona (1,3%-1,5%) e impulsaría un liderazgo compartido con Irlanda.
El arrastre generado por el fuerte cuarto trimestre de 2025 y la continuidad de la demanda doméstica apuntalan una perspectiva de crecimiento moderado y sostenible. Sin embargo, la política fiscal se mostrará más contractiva, reduciendo el déficit sin los estímulos extraordinarios de NGEU.
El empleo alcanzó cifras históricas en 2025. Con 22,46 millones de ocupados, la afiliación a la Seguridad Social creció un 2,8% interanual, sumando más de 600.000 nuevos puestos de trabajo.
La tasa de desempleo cayó por debajo del 10% (9,9%) por primera vez desde 2008, mientras el número de parados disminuyó en 118.400 personas, un descenso del 4,6%.
Aunque enero de 2026 mostró una caída estacional en afiliados (-1,2%), al desestacionalizarse se mantuvo un crecimiento positivo de más de 17.000 empleos.
En enero de 2026, la inflación general se situó en el 2,4%, la más baja desde junio de 2025, gracias al efecto base de la electricidad. La subyacente se mantuvo en 2,6%, reflejando la persistencia de la presión en servicios.
La cercanía al objetivo del BCE (2%) dependerá de la evolución de los precios de alojamiento, restauración y ocio, con un ligero sesgo al alza que se vigilará en los próximos meses.
Los primeros datos del año muestran una ligera contención de la expansión, sin desbaratar la tendencia positiva:
La economía afronta varios riesgos que podrían frenar esta dinámica:
Abordar estos desafíos estructurales exige reformas que impulsen la innovación, mejoren la formación y fortalezcan la infraestructura logística.
A pesar de los nubarrones, hay claros motivos para el optimismo:
El acceso a los fondos NGEU, las políticas de digitalización y la transición ecológica ofrecen nuevas palancas de crecimiento.
Las empresas pueden sacar partido de este ciclo mediante estrategias flexibles y una visión de futuro:
1. Apostar por la internacionalización en segmentos de servicios de alto valor añadido.
2. Adoptar tecnologías emergentes para elevar la productividad y reducir costes.
3. Fomentar la formación continua y retener talento en un mercado laboral competitivo.
2026 se presenta como un año para anticiparse a la tormenta y capitalizar el buen clima económico. Con una gestión prudente, capacidad de adaptación y espíritu emprendedor, España puede consolidar un modelo de crecimiento sostenible y compartir su éxito con toda la sociedad.
Referencias