Descubre por qué los activos ilíquidos pueden convertirse en aliados estratégicos de inversión.
La liquidez de un activo describe su capacidad para convertirse en efectivo sin sufrir grandes pérdidas en el valor. En contraste, los activos ilíquidos requieren tiempo adicional y a menudo descuentos para cerrar una venta.
Un activo líquido incluye efectivo, acciones cotizadas o bonos negociables. Frente a ello, un activo ilíquido engloba inmuebles, maquinaria industrial o participaciones en empresas no cotizadas.
En el entorno empresarial, muchos activos fijos como bienes raíces se consideran ilíquidos por la complejidad de la transacción y la necesidad de compradores especializados.
Para entender su naturaleza, conviene revisar ejemplos clásicos:
Los activos ilíquidos se negocian mayoritariamente en mercados privados fuera de bolsas reguladas. Allí no hay precios cotizados contínuos, sino operaciones bilaterales o a través de fondos especializados.
Para el inversor minorista, el acceso suele ser indirecto, mediante fondos de capital riesgo o vehículos de infraestructuras que agrupan aportaciones y diversifican el riesgo.
El punto clave es la prima de iliquidez que recompensa la paciencia. Estudios de UBS revelan que entre 2001 y 2021:
Este diferencial se interpreta como rentabilidades más elevadas que las inversiones tradicionales, a cambio de renunciar al acceso inmediato al capital.
Además, la volatilidad contable suele ser menor porque las valoraciones no se ajustan diariamente, lo que aporta una sensación de estabilidad durante crisis de mercado.
Invertir en activos ilíquidos ofrece beneficios que van más allá de la rentabilidad:
No se trata de una fórmula mágica. Todo inversor debe conocer los riesgos asociados:
Los activos ilíquidos pueden integrarse de forma sensata en una estrategia de inversión diversificada. Frente al clásico 60/40 (renta variable / renta fija), algunas propuestas sugieren un esquema 40/30/30, incluyendo un 30% en estrategias alternativas.
Para un inversor de 45 años en fase de acumulación, una asignación paulatina de hasta un 30% en activos alternativos e ilíquidos puede mejorar la relación rentabilidad-riesgo y ofrecer una diversificación real ante caídas bruscas de los mercados cotizados.
La clave está en alinear el horizonte temporal del inversor con los plazos de desinversión, escogiendo gestores con experiencia demostrada y estructuras de comisiones transparentes.
En definitiva, desmontar mitos y comprender en profundidad estos instrumentos abre la puerta a oportunidades únicas de inversión y a una gestión de patrimonio más sólida y resiliente.
Referencias