La inteligencia artificial ha dejado de ser una visión lejana para convertirse en un motor real de competitividad en el mundo financiero y empresarial.
En este artículo exploramos cómo la IA está redefiniendo la estrategia inversora mediante datos, casos de uso y proyecciones.
En España, el 85% de las empresas españolas ya destina recursos a proyectos de IA o planea hacerlo en 2025. Esta cifra coincide con las estimaciones de un 67% de organizaciones que esperan incrementar su presupuesto en IA durante el próximo año.
A nivel global, solo cinco compañías líderes en IA invertirán más de un billón de dólares en capital fijo entre 2024 y 2027, demostrando la magnitud de este impulso.
Los beneficios de adoptar IA se reflejan en una eficiencia operativa elegida por 87% de los directivos. En el sector financiero, se prevé que la inversión alcance los 39.000 millones de dólares en 2032, un crecimiento del 350% respecto a 2023.
El retorno medio de inversión (ROI) de la IA fue del 5,9% en 2023, cifra que podría dispararse si se alinea con la estrategia empresarial adecuada.
La implementación de IA abarca áreas diversas como optimización de la producción (46%), atención al cliente (40%) y análisis financiero (40%).
Un ejemplo sobresaliente es Visa, que evitó fraudes por valor de 40.000 millones de dólares en 2023 gracias a sistemas de detección automática en tiempo real.
CaixaBank anunció un plan de 5.000 millones de euros en IA entre 2025 y 2027, logrando reducción de costes del 40% y agilidad para cerrar informes cinco veces más rápido.
La personalización de experiencias y la transparencia en la gestión financiera son solo algunos de los beneficios transformadores de la IA. No obstante, existen desafíos que exigen atención.
Demostrar el retorno real de la inversión es esencial para no caer en el “hype” y consolidar la IA como una herramienta de valor tangible.
No solo las grandes tecnológicas presentan oportunidades. Sectores como servicios públicos y energía se beneficiarán del incremento de la demanda de centros de datos, cuya necesidad se multiplicará por dos para 2026 respecto a 2022.
El análisis de ROI riguroso para cada caso de uso permite justificar inversiones frente a stakeholders con métricas claras y resultados demostrables.
Para 2025, la IA debe consolidar su adopción transversal, especialmente en finanzas y transformación digital. Se espera un aumento de capitalización en sectores más allá de las “megacaps” tecnológicas.
La diversificación de estrategias y la priorización de casos de uso con mayor potencial de valor serán clave para maximizar el rendimiento de las inversiones.
La IA se perfila como la palanca principal para optimizar decisiones de inversión. Sin embargo, su éxito depende de la alineación con los objetivos estratégicos y de la medición rigurosa del impacto.
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Con estas pautas, los inversores y las empresas podrán aprovechar al máximo el valor que ofrece la inteligencia artificial, consolidando un crecimiento sostenible y una ventaja competitiva clara.
Referencias